Sí, de realidad, de hacernos ver que no somos los únicos y más importantes en el mundo. Una cura de humildad quizás.
De enseñarnos la realidad de que no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita.
De aprender a valorar hasta un simple paseo o el tiempo que pasas diariamente con las personas de tu alrededor, esas personas que ves día sí y día también, y que sabes con certeza que quieres pero realmente no valoras cuánto vale ese tiempo porque forma parte de tu rutina... ¡y bendita rutina!
Estamos ante una paradoja que quizás en otro momento nos hubiésemos reído, pero ahora no nos hace nada de gracia. Tenemos más tiempo que nunca pero no somos felices, no podemos compartirlo ni disfrutarlo con nadie. Un beso o un abrazo pasa a ser un arma letal para las personas más vulnerables, el dinero no te salvará de nada y el tiempo se vuelve nuestra propia cárcel.
Quizás, cuando volvamos a caminar, cuando volvamos a ser ''libres'', caminemos más despacio, siendo más cercanos, más humildes y más humanos.
Porque sí, volveremos a salir, volveremos a besarnos, abrazarnos y a recordarnos lo importante que es decir te quiero. Volveremos a brindar, bailar, comer. Volveremos a tener contacto físico. Volveremos a estar con quienes siempre hemos querido estar.
Porque sí, volveremos, saldremos de esta. Pero no olvidemos la empatía y la unión, piezas fundamentales del puzzle.
Como decía Dani Martín, ''qué bonita la vida que da todo de golpe y luego te lo quita. Te hace sentir culpable, a veces cuenta contigo, a veces ni te mira, qué bonita la vida''.
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